Me iluminaba alguna vez tu cara, tu casa, y hasta tu cielo raso.
Sentía cien sabores diferentes recubriendo el paladar hasta fundirse en mi conciencia. Por vos ya no hablo.

Soñaba pesadillas, pero duraban un segundo.Despertaba en silencio, y exhausta, me daba vuelta dándome la espalda. Y me dejaba dejar de ser.